lunes, 9 de marzo de 2009

Agendas, por Ana Quiroga


Lo que pido no es nada del otro mundo pero parece muy difícil de conseguir. He recorrido librerías y casas especializadas: en cada lugar un empleado diferente ha ensayado una sonrisa o ha levantado sus hombros en señal de impotencia.

En una ciudad nocturna por excelencia como Buenos Aires llama la atención que en las agendas no esté
prevista ninguna posible actividad después de las 20 horas.
Doy, desde hace casi veinte años, talleres de escritura de 19 a 21 horas. Participo en cursos que terminan a las 23. Alguna vez he asistido a las funciones de cine de trasnoche o he quedado en encontrarme con amigos a las -digamos- 22 y 45.
Ninguna de estas actividades figura en mi agenda salvo con una flechita indicando otro horario. Mi agenda es un enjambre de tachaduras por momentos incomprensibles.
¿Para quién son las agendas? Imagino que aun los oficinistas, los empleados estatales, quienes trabajan en comercios asisten luego a algunas de estas actividades que la ciudad ofrece…
Otra cosa: los sábados sólo figuran hasta el mediodía y los domingos no existen.
Eso sí: mi hijo ingresa al jardín a las 8:45. Eso puedo anotarlo en el horario que corresponde.

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