martes, 5 de junio de 2007

El arca digital, por Jorge Ariel Madrazo

Como bien señala el prólogo de Félix della Paolera, es altamente original y más que logrado el debut narrativo de Ana Quiroga, joven periodista cultural y directora de talleres que también se desempeña en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires. Della Paolera hace notar que estas criaturas de ficción suelen pasear su fragilidad sentimental, sus fantasías ambiguas o perversas, en ámbitos urbanos o suburbanos
frecuentemente sórdidos: un hospital, una oscura salita de cine, una oficina oculta tras un galpón sucio, un subsuelo que desata un drama con algo de pathos griego.

Tales escenarios propician el clima de extrañeza, las vueltas de tuerca capaces de sumergir al lector en desenlaces inesperados e inclusive siniestros. Así, un encuentro en el subte con un exhibicionista revela a una muchacha el grosero machismo de su novio, pero la cosa -claro está- no queda allí... Igualmente imprevisible es el destino que acecha a un abogado recién recibido, y que a punto de dejar para siempre su finca de campo recibe, por vía de un peón agradecido, la profecía de su desgracia. Y qué decir del patético empleado que, soterrado en el sótano menos explorado de una gran empresa, debe archivar informes casi infinitos; hasta que comete –¿por qué?– un acto insólitamente diferente...

Lo diferente es, en manos de Ana Quiroga, la fisura por donde se cuela una revelación -¿erótica, cruel?- que puede llevar a la aceptación, sin explicaciones claras, de una dicha mediocre pero posible. Se da, también, que una mujer esconda su infidelidad en una suerte de revancha que semeja un juego de cajas chinas, y otra descubra por azar que su esposo participa de una atroz conspiración en su contra. Sin explicación, tampoco. Después, ya nada será lo que era. O parecía ser.

La acumulación de papeles de toda clase, abrumadores o dispersos, y las travesías por baldíos suburbanos, parecerían sugerir en esta autora otros laberintos: aquellos que hilvanan los precarios hilos de la vida personal y de los lazos de pareja, entrecruzándose con sutil angustia en andas de un estilo narrativo tan sobrio como intenso.

La soledad, y también la tragedia, palpitan asimismo en los cuentos más breves de Ana Quiroga: El corralón es una brevísima y cuasi borgiana joya del horror.

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Jorge Ariel Madrazo (Buenos Aires, 1931) publicó los libros de poemas Orden del día (1966), La Tierrita (plaqueta, 1974), Espejos y Destierros (Caracas-Buenos Aires, 1982); Blues de Muertevida (1984); Cuerpo Textual (1987, 2do. Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires); Cantiga del Otro (1992, premio-publicación Ediciones del Dock), Piedra de amolar (1995), Mientras él duerme, en coautoría con el artista plástico Juan López Taetzel (Ediciones Lar, 1997), Testimonios de fin de milenio - Conversaciones con Elizabeth Azcona Cranwell (Ed.Vinciguerra, 1998) y Para amar a una deidad (Premio Fondo Nacional de las Artes y Fundacion Inca). En narrativa publicó Ventana con Ornella (1992).

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